A través del cuarzo de su ventana, Sziffra Khasi contempló el abismo infinito del cosmos. Millones de estrellas le enviaban el mensaje misterioso de su luz.
Orión, Bellatrix, Aldebarán, Betelgeuse...
Ella las conocía a simple vista. La magnitud de su brillo era inconfundible; su inalterable posición en aquel extremo de la Vía Láctea, su color...
Sziffra peinaba sus cabellos negros, pensativa, como si la ventana de su cabina fuese un espejo, en el que estuviera contemplándose.